domingo, 20 de noviembre de 2016

Blancanieves y los siete enanitos

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Había una vez una pequeña princesa con piel blanca cual nieve que reposa, los labios rojos iguales que la sangre y el cabello negro como alas de cuervo. Su nombre era Blancanieves. Blancanieves era huérfana de madre y de padre y vivía con su cruel y perversa madrastra, La Reina Grimhilde, que la vestía con harapos para ocultar su belleza y la obligaba a trabajar como sirvienta del castillo.

A medida que crecía la princesa, su belleza aumentaba hasta el punto que su madrastra, la reina, se puso muy celosa. Llegó un día en que la malvada madrastra no pudo tolerar más su presencia y ordenó a un cazador que la llevara al bosque, la matara y que trajera su corazón como prueba de que lo había hecho. Como ella era tan joven y bella, el cazador se apiadó de la niña y le aconsejó que buscara un escondite en el bosque.

Blancanieves corrió tan lejos como se lo permitieron sus piernas, tropezando con rocas y troncos de árboles que la lastimaban. Por fin, cuando ya caía la noche, encontró una hermosa casita en un claro del bosque y entró para descansar. Todo en aquella casa era pequeño, aunque muy sucio. Blancanieves, con ayuda de los animales del bosque, logran limpiar y embellecer el hogar. Luego, al encontrar una escalera decide subir y ver que había. Allí encontró una habitación con siete camitas. La princesa, cansada, se echó sobre tres de las camitas y se quedó profundamente dormida.

Cuando llegó la noche, los dueños de la casita regresaron. Eran siete enanos que todos los días salían para trabajar en las minas de diamantes, muy lejos, en el corazón de las montañas.

-¡Caramba, qué bella niña! -exclamaron sorprendidos al ver a Blancanieves-. ¿Y cómo llegó hasta aquí?
Se acercaron para admirarla con cuidado de no despertarla, aunque sus esfuerzos fueron en vano. Blancanieves despertó, y al ver a los enanos, los llamó para conocerlos. Al entrar en confianza, ella cuenta su historia.

Blancanieves pide asilo para protegerse de la malvada reina, y, a cambio, ella se ocuparía de cocinar y de mantener el hogar limpio. Vivía muy alegre con los enanos, preparándoles la comida y cuidando de la casita. Todas las mañanas se paraba en la puerta y los despedía con un beso en la frente, cuando los enanos salían para su trabajo.

Pero ellos le advirtieron:

-Cuídate. Tu malvada madrastra, la Reina Grimhilde, puede saber que vives aquí y tratará de hacerte daño.
La Reina Grimhilde, la malvada madrastra de Blancanieves, que, en realidad, era una diabólica y poderosa hechicera que consultaba a su espejo mágico para ver si existía alguien más bella que ella, descubrió que Blancanieves aún seguía siendo más hermosa que ella, y que seguía viva y que ahora vivía refugiada y escondida de la malvada madrastra de Blancanieves en casa de los siete enanos. La Reina Grimhilde, la malvada madrastra de Blancanieves se puso furiosa y decidió matar a Blancanieves ella misma. Disfrazada y transformada con una poción mágica hecha con sus libros de encantaminetos y hechizos de su magia negra que poseía guardados y ocultados en el laboratorio oculto y secreto de todo el mundo que tenía guardado en el sótano del castillo en el aspecto de una fea, horrible, anciana y vieja bruja pordiosera, la Reina Grimhilde, la malvada madrastra de Blancanieves preparó una hermosa manzana roja con un fuerte veneno con un poderoso hechizo de un sueño profundo como la muerte, cruzó las montañas y llegó a la cabaña de los siete enanitos.

Los animales del bosque vieron a la Reina Grimhilde, convertida en una fea, vieja, anciana y horrible bruja pordiosera, e intentaron persuadirla sin éxito alguno, ya que Blancanieves se los impedía. Al ver que no podrían salvarla, comenzaron a correr en dirección hacia la mina de los enanitos, para advertir a estos últimos de lo que estaba pasando en su casita, ya que sabían que Blancanieves podría estar en peligro.

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